Flujo de energía

La ENERGÍA se puede definir como la capacidad de los cuerpos para realizar un trabajo y producir cambios en ellos mismos o en otros cuerpos. Es una propiedad de los sistemas físicos y no una sustancia en sí que podamos tocar.

Podríamos decir que está “contenida” en objetos materiales que la poseen en función de su movimiento, posición, temperatura, composición, etc.

Existen distintos tipos de energía (mecánica, eléctrica, calórica, lumínica, química, etc.), que pueden transformarse pasando de uno a otro. Por ejemplo, la energía lumínica del Sol es transformada a través de la fotosíntesis de las plantas en energía química que incorporan a sus tejidos. Cuando nos alimentamos de un vegetal utilizamos esa energía química contenida, transformándola nuevamente para desarrollar nuestros propios tejidos y mantener funciones vitales como respirar y realizar trabajos como movernos. Estos procesos no son completamente eficientes y se produce una pérdida de energía bajo la forma de calor.

Con la Tierra sucede algo similar. El Sol es nuestra principal fuente de energía. Una vez que esta llega al planeta, puede transformarse de múltiples maneras para, por ejemplo, convertirse en alimento, iluminar casas o mover vehículos. Inevitablemente una parte se pierde bajo la forma de calor y es por ello que esa fuente debe ser constante, para alimentar permanentemente al sistema. Caso contrario, la Tierra se enfriaría progresivamente y la vida como la conocemos no sería posible.